Jueves 6º del TO
Mc 8, 27-33
Queridos hermanos:
En este evangelio, Marcos une la
profesión de fe de Pedro y su escándalo de la cruz sin solución de continuidad,
quizá para mostrar por un lado que es Dios quien elige, y que su elección es
gratuita, y también que la respuesta de Pedro es pura inspiración divina y no
fruto de su discernimiento personal, ya que acto seguido también Satanás logra
influenciarlo para que responda carnalmente ante el escándalo de la cruz.
Pedro, como los demás apóstoles, no ha
comprendido aún el misterio de la persona y la misión de Cristo, a la cual se
opone furibundamente Satanás, en un vano intento de que no llegue a realizarse
la redención de la humanidad, que pasa por la pasión, muerte y resurrección de
Cristo.
El anuncio de Cristo previene en sus
discípulos el escándalo de la cruz que los zarandeará tremendamente, y que solo
su encuentro con la resurrección y el don del Espíritu Santo iluminarán
definitivamente.
Una vez más se nos plantea el problema
del discernimiento, ya que tanto Dios como Satanás pueden influir en nuestro
ánimo con acontecimientos y con mociones contradictorias, de cuya discreción
depende nuestro bien o nuestra ruina. Será Cristo quien dirá a Pedro lo que
proviene de Dios y lo que viene del maligno, hasta que reciba su Espíritu
Santo. Nosotros necesitamos también de su Espíritu que haga madurar nuestro
amor y acreciente en nosotros el discernimiento, que ilumine nuestra mente
frente a las engañosas sugestiones de la carne, del mundo y del diablo.
La eucaristía viene en nuestra ayuda,
haciéndonos un espíritu con Cristo mediante la comunión de su cuerpo y de su
sangre.
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