Santos Marta, María y Lázaro

Santos Marta, María y Lázaro 

Lc 10, 38-42 ó Jn 11, 19-27

Queridos hermanos, hoy la Palabra nos revela el misterio de la acogida de Cristo, que se concreta en la fe y se expresa en dos actitudes complementarias de las que habla san Pablo: «Con el corazón se cree para conseguir la justicia, y con la boca se proclama para alcanzar la salvación» (Rm 10,10).

Para conmemorar a Marta, María y Lázaro, la liturgia nos propone dos pasajes del Evangelio. El Evangelio según san Lucas nos presenta estas dos actitudes en las hermanas de Lázaro: María nos muestra la fe creyente del corazón que acoge al Señor; Marta, la que lo proclama con la boca. Esta Palabra nos muestra también dos posibles actitudes ante el amor al Señor: una natural y otra sobrenatural. Ambas pueden coexistir en nosotros. La primera, como la de Marta, es buena: sirve, actúa, se entrega. La segunda, como la de María, es «la mejor parte»: contempla, escucha, se deja transformar. No despreciemos el servicio, pero aspiremos a la intimidad con el Señor, porque sentarse a los pies del Maestro, como lo hizo María, es abrazar el don gratuito de la fe; es dejar que el Señor nos hable al corazón.

Como aquella esposa del Cantar de los Cantares, María podría decir: «He encontrado al amor de mi vida. Lo he abrazado y no lo dejaré jamás». Y nadie podrá arrancárselo. Esta es la parte buena que no le será quitada.

El Evangelio según san Juan nos presenta la fe de Marta: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». Esa fe hace que Marta no sólo “crea”, sino que “sepa”: «Sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá. Ya sé que (mi hermano) resucitará en la resurrección, el último día». Así acoge a Cristo en su testimonio: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre». Marta cree en el amor de Cristo y sabe que Él lo consigue todo del Padre porque siempre lo escucha. Creer en Él es garantía de victoria sobre la muerte.

Lo que hoy contemplamos va aún más allá: no hablamos simplemente de recibir al prójimo, sino de acoger a Dios mismo. Como Abrahán en el encinar de Mambré y como María en Betania, descubrimos que, gracias al discernimiento de la fe, somos capaces de reconocer al Señor que se manifiesta en los más diversos rostros y circunstancias. Él viene. Se acerca. Nos visita. No por obligación, sino por amor. Y su deseo es que lo recibamos con fe y caridad, para que podamos heredar la vida eterna.

Esta Palabra nos invita a responder con nuestro propio «Amén»; a elegir, día tras día, al Señor como nuestra parte mejor; a recibir de Él, gratuitamente y por la fe, su Espíritu, su amor y su vida eterna.

Pero si en nuestro encuentro con el Señor descubrimos el deseo de compensación o de reconocimiento, reconozcamos con sinceridad que estamos más cerca de Marta que de María; que vivimos más en la exigencia que en el don; que estamos más en nosotros mismos que en el Señor. Nuestro amor aún debe madurar, ser purificado, ser divinizado, hasta alcanzar esa universalidad del amor divino: «Sed perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre buenos y malos». Somos llamados al conocimiento de Dios en el amor. Y ese conocimiento, que será plenitud en la Bienaventuranza, puede crecer en esta vida si acogemos las gracias que Él nos ha destinado. A veces implicarán correcciones amorosas, curaciones espirituales que el Médico divino aplicará a nuestro corazón enfermo. Y aunque puedan doler, ¡qué alegre tristeza si viene de su mano!

Y así, hermanos, llegaremos también nosotros a la profesión de fe que salva, aquella que Marta, amada por el Señor, pronunció en medio del dolor por la muerte de su hermano: «Creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo».

Que esta confesión sea también nuestra. Que el Señor, al acercarse a nuestra alma, encuentre siempre un corazón dispuesto, una fe que escucha y una caridad que abraza.

  Que así sea.

www.cowsoft.net/jesusbayarri  

No hay comentarios:

Publicar un comentario